El uso de la arcilla en algunas enfermedades. Geoterapia

El uso de la arcilla en algunas enfermedades. Geoterapia

El empleo de la arcilla se conoce desde hace milenios, en todas las épocas y continentes, para curar todo tipo de enfermedades, heridas, afecciones de la piel y problemas inflamatorios. Los hombres probablemente imitaron a los animales que, cuando viven en libertad, instintivamente, restriegan sus heridas en el barro. Los médicos egipcios ya utilizaban esta tierra contra las inflamaciones y aplicaban los fangos calientes del Nilo para tratar deformaciones reumáticas.
Por sus propiedades antisépticas, los embalsamadores la aplicaban para la momificación de los cuerpos. A lo largo de los siglos, Avicena, Dioscórides, Galeno, Gandhi quien escribió que su aplicación durante la viruela prevenía de las lesiones en la piel, también preconizaron el uso terapéutico de la arcilla. En Grecia Hipócrates ya la utilizaba como remedio para curar o aliviar el dolor, incluso Plinio "el viejo" dedicó un capítulo de su obra a esta materia.
La terapéutica del barro está en sus poderes refrescantes, antiinflamatorios, descongestionantes, absorbentes, calmantes y antibacteriológicos. Como desinfectante es uno de los más perfectos y poderosos. Está demostrado que la arcilla posee un gran potencial de absorción y adsorción, absorción de las impurezas contenidas en los tejidos y que son captadas, neutralizadas y drenadas y adsorción mediante el drenaje y eliminación de las impurezas en suspensión en los líquidos orgánicos. Debido a este poder de absorción permite recoger gran cantidad de calor, atraer las toxinas acumuladas bajo la piel y lograr de esta forma que sea expulsada.
Las mascarillas de arcilla se emplean como producto de belleza, precisamente porque limpia y absorbe la grasa de los tejidos. Como sustancia natural es equilibrante y revitalizante. La roca arcillosa proviene de la descomposición de las rocas madres cristalizadas como el granito. Las diferentes arcillas están compuestas por silicato de alúmina hidratado en el que se mezclan elementos minerales que producen las diferentes coloraciones, forma de oligometaloterapia a la que la arcilla debe algunas propiedades. Su elasticidad y plasticidad provienen de las texturas de esos silicatos hidratados.
 La arcilla se encuentra en forma de yacimientos explotados casi siempre a cielo abierto. La veta de arcilla se saca a la luz y se limpia, se selecciona y analiza y se transporta a un área de secado con suelo de hormigón donde se extiende al sol, forma de secado natural que permite almacenar aún más energía de los rayos solares. Luego se selecciona manualmente, se eliminan impurezas residuales y se tritura para obtener una granulación homogénea de la arcilla, de disolución rápida, y utilizada para uso externo. La arcilla superfina, totalmente exenta de arena, más refinada y agradable de utilizar, se obtiene a partir de arcilla machacada y micronizada hasta conseguir un polvo fino y sin impurezas. Se utiliza para zonas especialmente sensibles y preparación de mascarillas faciales o corporales, en preparación de cosméticos en combinación con plantas medicinales, y en uso interno.
Una buena arcilla debe ser pura y seleccionada por su capacidad de absorción, su extracción reciente y secada al sol, no en horno pues las temperaturas fuertes disminuyen sus poderes regeneradores.

Básicamente hay tres los tipos de arcilla:

La arcilla verde: La mejor es la montmorillonita o bentonita, que también puede ser de color pardo o gris, muy rica en magnesio, además contiene silicio, potasio, sosa, cal y fosfatos, y óxidos de hierro, aluminio, manganeso, magnesio y titanio. Excepcional capacidad de absorción y pureza. Es desintoxicante, remineralizante y absorbente, se utiliza para drenar y remineralizar. La illita, variedad muy cálcica y pobre en magnesio, se adhiere muy bien a la piel, por su poder de absorción se utiliza para absorber residuos e impurezas, aplicada en forma de cataplasmas sirve en traumatismos y contusiones porque hace disminuir la hinchazón de esguinces y luxaciones.

La arcilla blanca o caolinita: En forma de leche de arcilla por su fuerte poder cubriente, su acción es antibacteriana, antiinflamatoria y cicatrizante. Absorbe las toxinas, lo que la hace muy útil ante una intoxicación alimentaria. Por su efecto de arrastre ayuda a combatir el estreñimiento, y, también, regula el ph. En uso externo puede aplicarse en forma de cataplasmas y mascarillas, es excelente como enjuague bucal y como polvos parecidos al talco para los bebés.

La arcilla roja: El color rojo se debe a un mayor contenido de óxidos e hidróxidos de hierro, por su contenido en silicato de aluminio actúa como antiácido. También es rica en silicato de magnesio. La atapulgita, variedad también blanca o verde, es muy utilizada por su fuerte poder absorbente en curas gástricas, úlcera de estómago, colitis y gastritis.

Arcilla Rosa Es una mezcla entre la arcilla roja y la blanca, es muy común su uso en estética para mascarillas faciales. Puede incrementarse la acción de la arcilla si se prepara con agua salada con sal marina gris no refinada, rica en oligoelementos, yodo y magnesio natural. No se conoce con exactitud cómo actúa sobre todo ser vivo, pero son innegables las múltiples aplicaciones terapéuticas de la arcilla. Poderoso desintoxicante que limpia el organismo de toxinas perjudiciales, a la vez que remineraliza por los oligoelementos que contiene. Previene, cura, tonifica y calma, alivia, cicatriza, purifica, absorbe, descongestiona y desinfecta. Excelente depurador y regenerador de la piel, de las estructuras óseas y de los órganos internos. Bebida o utilizada externamente ayuda, además, a frenar el envejecimiento.

Todas las arcillas contienen en su bioquímica los minerales y oligoelementos indispensables a todo ser vivo, desempeñando importantes funciones en el cuerpo.

La arcilla aporta:
sílice (agente remineralizador y antitóxico, importante en el sistema vascular, nervioso, respiratorio y óseo, actúa sobre las fibras elásticas y en la regeneración de los tendones y la piel)
magnesio (fundamental para el crecimiento de los huesos, permite la correcta asimilación del calcio, drena el hígado, es estimulador biliar, antiséptico y antioxidante, activa la regeneración celular y calma y reequilibra psíquicamente)
calcio (importante en la formación y conservación de huesos, dientes y tendones, imprescindible en la coagulación sanguínea y en la regulación del sistema nervioso)
sodio (regula el equilibrio de líquidos en el organismo
potasio (complementa la función del sodio)
manganeso (forma parte de muchas enzimas y provoca la acción de otras en procesos antioxidantes y de producción de energía)
hierro (produce glóbulos rojos en la sangre, favorece la circulación y oxigenación del organismo e interviene en la generación de energía)
zinc (necesario para el sistema inmunológico, es imprescindible para el crecimiento, la formación de tejidos y la maduración sexual masculina).
El selenio y el litio ayudan a ralentizar el envejecimiento.

El uso externo, en forma de cataplasmas o envolturas, es la manera más inmediata y fácil de utilizar la arcilla, sin ningún peligro. Pero, también, se utiliza por vía oral. Su acción elimina y destruye las células enfermas y activa la reconstrucción de otras sanas, actúa como agente depurador que elimina toda clase de sustancias nocivas. Tiene efecto sedante, relajante y curativo en el tratamiento de las inflamaciones intestinales, amébicas y otras disenterías.
Útil en los gases, diarrea y el estreñimiento. La arcilla, además, limpia y enriquece la sangre y puede curar la anemia más resistente.
Es muy rica en enzimas y diastasas, de las cuales las oxidasas fijan el oxígeno libre, lo que ayuda a explicar el efecto purificante y enriquecedor de la arcilla sobre la sangre.
En forma de enjuagues y gargarismos sirve para

El espesor de las cataplasmas y su tiempo de aplicación dependen de varias circunstancias y, según el tipo de enfermedad se darán las oportunas instrucciones. Pero en principio debe interrumpirse el tratamiento cando el paciente se encuentre incómodo con la cataplasma, es decir cuando experimente una sensación de frío o calor desagradable. Ello nos estará indicando que el organismo del paciente no está tolerando el tratamiento.

Una vez usada la cataplasma, ésta no debe volver a usarse una segunda vez, sino que ha de tirarse ya que está cargada de toxinas.
Los paños empleados podrá volver a usarse siempre y cuando se hayan desinfectado adecuadamente. La frecuencia en las aplicaciones de cataplasmas varía según la enfermedad a tratar, pero en general con 2 ó 3 veces al día es más que suficiente, aunque si la situación lo requiere, podemos aplicar cataplasmas sin interrupción alguna.
Dada la poderosa acción de la arcilla, las reacciones que determina en el organismo, y la energía que libera, no deben aplicarse al mismo tiempo dos cataplasmas sobre órganos diferentes. Al principio de un tratamiento con arcilla, el enfermo suele experimentar una cierta activación de su mal, como es el caso de las llagas y úlceras; sin embargo a ello no debe dársele demasiada importancia, sino que es algo completamente normal y deseable ya que es síntoma de una movilización del sistema de autodefensa del organismo.

Uso interno. Durante su tránsito a través del estómago y los intestinos, la arcilla da fuerza y vitalidad a todo el intestino. Esto sucede porque las pequeñas partículas radioactivas de la arcilla estimulan las mucosas con las que tropiezan en su recorrido, activando las funciones digestivas. Al mismo tiempo renueva las células debilitadas, y aporta al organismo, de forma asimilable, todas las sales minerales que necesita para poder curarse. Por otra parte absorbe las toxinas, venenos, gérmenes, gases pútridos, fermentaciones anómalas y accidentes del organismo, purificándolo completamente.

Recientemente se ha puesto de manifiesto que muchas enfermedades que el ser humano padece provienen de carencias minerales y nada mejor para poder responder a su recuperación, que aportes extraordinarios de arcilla. Se debe regular la cantidad del polvo de arcilla, según la gravedad de la dolencia y la naturaleza de cada individuo.

Debemos tener en cuenta que como el uso externo de la arcilla no ocasiona efectos negativos de ninguna índole, salvo claro está la intolerancia a cualquiera de las sustancias que tiene; con el uso interno de la arcilla, sí debemos tener ciertas precauciones, de tal manera que las personas que presenten estos problemas no deben consumirla:

 Hipertensión.
 Estreñimiento.
 Hernias.
 Oclusión intestinal (enfermedad de crohn, tumores intestinales, etc.).

También en la alimentación debemos tener en cuenta que cuando estemos en tratamiento con arcilla, nuestra dieta debe ser baja en grasas, pues los aceites con la arcilla forman grumos que se endurecen e impermeabilizan, formando grumos compactos y duros, difíciles de descomponer, que pueden formar oclusiones intestinales.

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